jueves, 25 de septiembre de 2014

Huesos (8vo capìtulo) by Elena

CAPÍTULO
VIII


Ciudad de la La Plata, 30 de marzo de 1921.
Querido Guillermo, el director del Museo está muy satisfecho con la colección que trajimos. Cuando podamos reconstruir todos los esqueletos y clasificarlos va a estarlo aún más. Espero poder volver al yacimiento y terminar de extraer todo lo que quedo allá. ¿Cómo van las cosas en Buenos Aires?

Buenos Aires, 10 de abril.
Querido Pedro, acá estoy, con mucho trabajo, poniendo todo en orden. Me había olvidado de que los poderes que deje duraban un mes, cuando estuve afuera más de tres. Me alegra que todo marche bien allá.
PD: Les gustó mucho a todos el dulce de Calafate.

La Plata, 25 de abril.
A veces no puedo dormir bien. Si no tuviera tus dibujos creería que todo fue un sueño. Te extraño.

Buenos Aires, 5 de mayo.
Pedro, tenés que tener paciencia y cuidarte. Estoy haciendo inversiones importantes en medios de transporte, con la expansión que hay en la ciudad por la continua llegada de inmigrantes espero que me vaya bien. Yo también te extraño.

La Plata, 15 de mayo.
No logro concentrarme en el trabajo. ¿Es verdad que tu Banco hizo una donación al Museo? El director me dijo que tal vez abra una sala solo para mi colección.

Buenos Aires, 30 de mayo.
Si, hice una contribución, ¿está mal? ¿Pudiste clasificar el Pedrosaurus? Hacelo por mí.

Camina de un lado a otro de la habitación, no quiere dormir, no quiere despertarse de nuevo agitado y empapado para darse cuenta que no está con él. Busca un papel y garabatea unas líneas. “Necesito verte. Pienso todo el tiempo en vos”. Espera la respuesta que llega unos días después “Estoy arbitrando los medios necesarios. Te pido nuevamente paciencia. Yo también pienso mucho en vos” – ¡La puta madre!

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-¡Sr. Graziani, al fin tengo el placer de conocerlo! Fue muy generoso de su parte…
-Es lo menos que puedo hacer – sonríe y estrecha la mano del Director del Museo – el placer es mío. Es muy importante lo que hacen ustedes acá. ¿El Sr Beggio se encuentra? Me gustaría saludarlo.
-Si, por supuesto, está en el subsuelo, trabajando. Pase, por acá por favor –le indica las escaleras.
-Gracias.

Ve la ancha y conocida espalda inclinada sobre una mesa atestada de piedras y papeles – ¿Va a llamarse Pedrosaurus al final o… - lo interrumpe el cuerpo que se funde con el suyo en un abrazo interminable y la sonrisa más linda del mundo – invertí al pedo? ¿Estamos solos?.

Encuentra la respuesta en el brillo de los ojos marrones, lo arrastra contra la pared, apoyado completamente en él y lo besa hasta perder el aliento – ¡Dejame verte! – el pelo despeinado, los labios rojos, y más que mirarlo, lo palpa entero – tenés unos kilos de más – y huele el tabaco en su ropa – ¿fumas?
-Un poco.¿ Todavía con bastón?
-Me da un cierto aire aristocrático, ¿o no?- se burla
-¿Hasta cuando te quedas?- y el brillo de los ojos entusiasmados.
-Hasta mañana. No protestes. Dale subamos…

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Museo de Ciencias Naturales de La Plata 1921


El Director corta la cinta que inaugura la sala de “Hallazgos Paleontológicos en la Patagonia Argentina” a cargo de Pedro Beggio y Pascual Linares, la cual no podría ser posible sin la inestimable colaboración del Banco Graziani. Su turno del discurso. “Es lo menos que un ciudadano común, como yo, puede hacer en el convencimiento de que el desarrollo de la educación y la ciencia harán grande a nuestra patria”, recita mientras siente la mirada recorriéndolo implacable a través del humo de la pipa.

Sala "Hallazgos Paleontológicos en la Patagonia Argentina" 1921

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Una multitud de científicos, profesores, alumnos, periodistas y curiosos invaden el salón y monopolizan a los protagonistas. Lo mira un rato explicar exultante sus descubrimientos y luego repasa las vitrinas. Al lado de cada fósil, un dibujo suyo, el camarón, el ammonite, la excavación, el “pedrosaurus”. En las paredes, en cuadros, las flora y fauna actual, el almuerzo con los mapuches, los paisajes. Y una colección apenas empezada “Constelaciones del verano austral” con una sola ilustración hecha por Pedro: Orión – Me tenés que enseñar el resto – un susurro que estremece su espalda.


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La cena de rigor con las autoridades y profesores del museo y la facultad. Caminan, después, hasta el departamento de Pedro, despacio, charlando como cualquier par de amigos. Lo acorrala contra la puerta apenas transpuesta, los besos incontenibles, las manos desanudando, desabrochando, y la cordura que se impone – Cerra las ventanas – y con la última, el deseo de meses derramado, la posesión sin espera, uñas y dientes marcando la piel que es suya, los brazos mordidos ahogando gemidos, sus nombres repetidos mil veces, el ritmo acompasado, caricias lerdas y el aire que irrumpe, insolente, entre una y otra piel.

Lo ve caminar, desnudo, desvergonzado y servir un whisky para los dos – Me tengo que ir, precioso
- ¿Ya?
- Tengo una reserva en el hotel y…
- ¿Podemos desayunar mañana?
- Mejor no, Pedro
- Pero Guille…
- Va a ser más difícil así, en serio, dejame ir –lo toma de la cara y lo besa.

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Buenos Aires, 15 de agosto.
Querido Pedro, dicen el diario que el animalito que encontraste es nuevo y no tiene nombre. Me alegra mucho. Fabián, ¿te dije que así se llama mi hijo? Está empezando a dibujar y parece que le gustan los aviones también

La Plata, 30 de agosto.
En efecto, el dinosaurio no está clasificado y sí, los restos corresponden a adultos y crías como sospechaba. Estamos consiguiendo fondos para volver a la Patagonia. Te quiere. Pedro.
PD: ¿Cómo lo llamaremos? Guillermosaurus Beggiis, ¿te parece bien?

10 de septiembre.
Ese nombre me parece horrible. ¿Ya sabes en qué fecha te vas?

Puede adivinar el enojo entre las líneas, mira una vez más el periódico y descarga su propia frustración “No, todavía no. Vi en el diario una foto tuya con una mujer. ¿Quién es?¿ Estás de novio con ella?”



La cantante de una ópera a la que acompañe a mi tía. Ella insistió en invitarla a la cena después de terminada la obra, y estuve de acuerdo en consecuentarla, es lo menos que corresponde después de todo lo que ella hace por mi hijo y por mí. ¿De donde sacaste eso?

Suspira cuando recibe la siguiente carta – Ay Pedro….-  “Pensé que no te gustaba ir a espectáculos. Es lo que decía el diario. Al fin y al cabo estás sólo” y responde “¿Le vas a creer más a los periodistas que a mí? ¿Cómo podés pensar algo así después de todo lo que pasamos juntos? Vos también estas solo allá y a mí no se me ocurre hacerte ningún planteo de este tipo”

La Plata, 20 de noviembre.
Perdoname, tenes razón. Te extraño mucho. Me estoy volviendo loco. Necesito verte

En los días siguientes los preparativos para el viaje se suceden con rapidez. Escribe la última misiva sabiendo que ya es tarde para volver a verlo antes de partir

24 de noviembre.
Querido Guillermo, te escribo para decirte que el tres de diciembre parto de nuevo hacia el Chubut. Te pido me perdones por no haberte avisado con más tiempo pero recién hoy me dieron los pasajes de tren. Me hubiera gustado mucho poder verte de nuevo antes de irme. Se me van a hacer interminables estos meses. Mantenete en contacto con Pascual para que él te informe cuando regreso.
Te amo. Pedro

Buenos Aires, 29 de noviembre.
Yo también te extraño mucho, nada quisiera más que tenerte acá conmigo, en mi cama, todos los días, no peleemos por favor.

Al día siguiente recibe el anuncio de la partida de Pedro – ¡Mierda! – antes de que llegue su última carta, no puede dejarlo irse pensando que sigue enojado. Le quedan tres días para organizar el Banco y la casa, firmar poderes y dejar todo en orden para que puedan arreglarse sin él durante los siguientes meses

-¿Estás seguro, querido? No entiendo este viaje tan repentino
-Tía, por favor, trabajo bastante, creo que tengo derecho a un poco de descanso de vez en cuando
-Pero así, tan de golpe…
-No se preocupe, cualquier cosa que necesite recurre a mi secretario

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Mira distraído el andén, la frente apoyada en la ventanilla; apenas escucha la charla de Pascual – Por el tamaño de las crías yo creo que los huevos no deben estar lejos, si pudieras encontrarlos seria genial. ¿Qué te pasa? Nunca te vi tan poco entusiasmado de volver a tu querida Patagonia.

La sirena del tren que parte lo vuelve a la realidad – Nada – se concentra en el plano del yacimiento que sostiene su compañero, con el detalle de los estratos, la posición de los esqueletos y demás fósiles – ¿en donde me decís que crees que están?

-Disculpe caballero, creo que está usted en mi asiento
-¡Guillermo! – la sonrisa le ilumina la cara y un tropel de preguntas se le amontonan en el brillo de los ojos – ¿qué haces acá?
El abrazo medido – Decidí vigilar personalmente el destino de los fondos que dono al Museo
-¿Y el banco?
-Se pueden arreglar sin mí unos meses. Esta vez deje los poderes bien hechos. Correte que ese es mi asiento
-Me gusta la ventanilla
Se sienta del lado del pasillo – ¿Qué hacen?
-Pascual dice que los huevos no deben estar lejos, hay que estar atentos a ver si los encontramos
Unos días después llega el tren a Jacobacci – Van a tener  que alquilar más mulas
-¿Trajiste muchas cosas?
-Supuse que no habías calculado provisiones para dos y… agregados, y no pienso pasar hambre otra vez.

Tren a Esquel 1921

Cabalgan lentamente entre las montañas. Pascual y el guía adelante, el resto del equipo con las mulas atrás y ellos en la retaguardia.

-¿Vos crees lo que se dice de gente…como nosotros?
-¿Como nosotros?
-Si, hombres que…
-El problema con vos es que pensás mucho
-Leí cosas horribles
-Mira, Pedro, yo no sé quién tiene razón, pero yo no me siento anormal, ni enfermo, ni nada de eso. Pero sí tenemos que tener cuidado. Tengo que velar por Fabián y…- sacude la cabeza
-¿Qué?
-Me da miedo que te pase algo. Prométeme que no vas a hacer boludeces
Lo rodea, retrasándolo de la formación – Depende como definas boludez
-¡Pedro!
-Relájate Guille, acá no hay nada que nos pueda pasar
-Salvo alguna que otra tormenta de mierda
-Tan de mierda no fue, ¿no?
-Vos porque no tenías una pierna entablillada

Se muerde los labios y concede, sonrojado, antes de arrancar al galope – No se notó, para nada.

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La ruca sigue ahí, desocupada, los mismos arboles como si el tiempo no hubiera pasado, y también la excavación algo derrumbada. Lo espera en el bosque, en la oscuridad absoluta de la noche nublada y con luna nueva. Tal vez sea por el ruido de los golpes de su corazón que no escucha los pasos llegar antes de sentir el aliento en la cara y los labios en los suyos – ¿Cuando se van a ir?
-En cuanto terminemos de montar el campamento y descubrir el yacimiento
La lengua en su boca y las manos… - Pedro, no
-Shhh, no se ve nada, no hagas ruido

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Lo arrastra al interior de la cabaña cuando la última mula se pierde en el horizonte cerca del mediodía, se deshace de la camisa que estorba para cubrirlo de besos.
-Guille espera… ¿por qué no haces algo de comer? Me muero de hambre
-Amorcito, ¿ahora que por fin estamos solos tenés hambre?
-Vamos a estar solos más de tres meses
-¿Y si se cae algún otro aviador idiota?
-No lo rescato, con uno solo ya tengo suficiente – separa los labios de la piel de su vientre y los besa – Dale, prepara algo que enciendo el fuego.
Como si eso bastara para saciarlo - Cocino si hoy no te vas a trabajar.
-Hoy es feriado, amor

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Esperan sentados afuera al atardecer
-¿Vendrá?
-Si no se lo comió otro bicho más grande
-No seas malo
-Ahí está mira, tirale comida
-¿Cómo sabes que es el mismo?
-Lindo, tres meses cocinando para un zorro, lo menos que puedo hacer es reconocerlo
-Shhh
Trozo tras trozo, el zorro se acerca y cuando lo tiene a la distancia de un brazo, susurra – Dejame probar a mí.

Continuara…





miércoles, 24 de septiembre de 2014

Embrujo (2da parte) by Elena & Antonia


“La puta madre, con el informante desaparecido, dos meses de investigaciones se van a la mierda”

Guillermo furioso empieza a dudar sobre la incorruptibilidad de sus colaboradores. Algo imposible de pensar hace unos días. Pablo con el que trabaja hace tantos años, un hombre medido, de pocas palabras, perspicaz a pesar de su juventud, con la capacidad de adelantar las respuestas antes que se formulen las preguntas.  Alma,  abogada y experta en comunicaciones, completamente fiel, con la maestría  de recuperar cualquier dato existente en la red, a veces de forma no tan lícita. De Lourdes no puede sospechar, además de colega, es una amiga incondicional; dispuesta a ayudarlo en el momento que lo necesite, en lo profesional y personal. Todos los demás no tienen acceso a las informaciones reservadas o son inofensivos.

Guillermo es consciente que es respetado y hasta temido; sabe que se corren bromas en la Oficina, sobre que su humor está conectado estrechamente con el clima del lugar: una sonrisa y las cosas están calmas, una tensión de la mandíbula y entonces, sálvese quien pueda porque se viene  el huracán. Lo sabe y juega con eso para evitar ser molestado.  Ama trabajar sólo, pero le gusta saber que puede contar con sus colaboradores. Aunque no sea de los que piden ayuda.

Esa mañana, cuando llegó al despacho, entró deprisa saludando apenas, pero alcanzó a  registrar la puerta abierta del despacho de Mezcal.

Había llegado el momento…

Afloja la corbata  y literalmente se deja caer en el sillón de su escritorio.

"Volver a empezar la investigación... ¿Cuántas veces me van a obligar a hacerlo?.. pero juro que no se las voy a hacer  fácil.. quien quiera que sea el espía en este despacho. Juro que lo voy a encontrar y que me lo como en desayuno, la putisíma madre…y vos Beggio, vos me vas a conocer"

Los ojos todavía cerrados, la cabeza apoyada  en el respaldo, no necesita mirar para saber que la que acaba de entrar, es Lourdes.

-¿Ninguna pista?
-Ninguna.. ese hijo de puta se esfumo en el aire.
-¿Qué vas a hacer?
Furioso - ¿¡Entendés que los datos que me paso no me sirven de nada sin él?! Lo otro  es confirmar que todo sea una mentira para despistarme, ya no sé que pensar.
-Lo mismo tenés que controlarlo
- ¿Alma?
-Ocupándose de lo que le pedíste
 Se acomoda en el sillón, incomodo -La puerta de enfrente esta abierta.. ¿Llego?
- Hace un momento

*  *  *
Lourdes había sido la responsable de darle la noticia, Pedro Beggio había sido nombrado para reemplazar a Mezcal.  No es que tuviera una relación de particular afinidad con Mezcal pero este nombramiento lo ponía a la defensiva. Pablo y Alma se encargaron de investigar todo lo referente a él.

-Sabía que nos iba a pedir informaciones; nos pusimos a trabajar en cuanto supimos quien iba a ser el reemplazo.
-¿Es informal?
-Todo rigurosamente informal. Esto no aparece en su curriculum- dice  Pablo mientras le alcanza una carpeta.
Recuerda que nada de lo que leyó le gusto; aunque, a nivel profesional, no se le podía hacer ninguna crítica, pero lo personal estaba lleno de puntos oscuros, parecidos a los de su propia vida, y eso no podía significar nada bueno.

*  *  *
-¿Ya lo viste?-dice Lourdes
-Sólo una vez…
Recuerda el momento donde se vieron, y lo particular de su mirada, la que lo siguió durante toda la ceremonia, profunda, enigmática; Guillermo se esforzó por ignorarlo. 
Cuando lo vio acercarse, se fue; una huida, con el pretexto de asuntos impostergables, pero sabe que fue “esa” mirada la que lo empujo a irse.


Mientras tanto  Pedro Beggio, sentado en su nuevo despacho, recuerda la tarde cuando presto juramento en el Salón de los Bustos. Repasa las caras de los asistentes mientras se entonan las estrofas del Himno Nacional,  durante el acto,  donde él y otros funcionarios asumen sus cargos. Aunque no conoce a todos intenta rápidamente hacerse una idea de quién es quién. Senadores, diputados, ministros, secretarios, observa con detalle a cada gesto, saludos, miradas, atento a los invisibles hilos de poder que los unen, en tanto mantiene la fachada de estar concentrado en los discursos. Al fin llega el momento de su jura. Firma y observa con cuidado a los asistentes sentados en la primera fila. Al lado del Fiscal de Control Administrativo de la Oficina Anticorrupción, el Director de investigaciones, Guillermo Graziani, la persona  a la que debe investigar. Cincuenta y pico, sobrio y elegante, sentado como si estuviera solo en la sala llena de gente, aun cuando inclina ligeramente la cabeza escuchando algún cometario del Fiscal. Siente un estremecimiento recorrer su columna en el instante en que cruza la mirada con los ojos negros, inteligentes, decididos y con algo más que no logra definir. Un hombre interesante.
Atiende amablemente a la prensa mientras lo ve alejarse presuroso en cuanto todo termina, y repite las promesas que escucho tantas veces: luchar contra la corrupción, tolerancia cero, transparencia en la función pública y bla, bla, bla.
Termina esa misma tarde de derivar los casos que puedan suponer algún conflicto de intereses con su nueva función, trabaja hasta tarde en un intento de sacar de su mente el recuerdo de los ojos oscuros, sabiendo que irremediablemente los volverá a encontrar todos los días.
Sonríe irónico, será el recuerdo de "esos" ojos oscuros lo que lo empujaron a vestirse elegante, tal vez demasiado ó  llegar temprano a la oficina en su primer día.

Un ambiente cordial, amable y cerrado, en el que claramente sobra.

Pedro se sacude de los pensamientos y se esfuerza de hundirse en el trabajo. Pasa la mañana revisando carpetas y expedientes mientras estudia el movimiento de los empleados a través de la puerta entreabierta de su despacho, planificando la estrategia a seguir. Apenas ve a Guillermo salir dos o tres veces de su oficina para dar instrucciones a sus subalternos a quienes adivina fieles, y desvía la vista cuando lo ve mirar en su dirección. Almuerza allí mismo. Transcurre la tarde sin mayor novedad. Espera hasta que se retira, tarde a la noche,  y lo intercepta, casual, en la puerta.

-Llueve, ¿te llevo?

Guillermo lo mira  largo, por fin se aleja sin decir una palabra; de repente cambia de idea, vuelve sobre sus pasos  y lo enfrenta...

-No confraternizo con desconocidos y vos, para mí, sos un desconocido…..

Y se va dejándolo parado en el mismo lugar, bajo la impiadosa lluvia.

*  *  *
Pasada una semana, Pedro se da cuenta que la situación es más delicada  de lo que pensaba. Los colaboradores de Mezcal removidos de sus cargos, los archivos de la computadora del despacho borrados. Ningún efecto personal, nada. Investiga las noticias de la muerte. Accidente de tránsito, ningún antecedente de infracciones. Intenta ubicar la pericia médico-forense pero el caso fue rápidamente cerrado y archivado, y queda fuera de su jurisdicción. Algo huele muy mal.
Para empeorar las cosas le es imposible acercarse a Guillermo que lo esquiva permanentemente, mientras sus colaboradores interponen un amable e infranqueable cerco a su alrededor
Revisa por enésima vez los extensos archivos, ordena las carpetas y entonces, la ve; una pequeña marca, casi invisible, en algunas de ellas.
Cierra con llave la puerta y las separa. Declaraciones patrimoniales del Jefe de Gabinete por un lado; y por otro listas de empresas, canales de televisión, radios, periódicos y sociedades anónimas, algunas de las cuales conoce. Nombres y números desperdigados al azar en causas sin conexión, escondidos en un rompecabezas. Y la sospecha. "La puta madre. ¿Mezcal investigaba al Jefe de Gabinete y está muerto? Pero, ¿porque me piden investigar a Graziani? ¿Qué es lo que sabe él?".

Se mueve rápido. Pasa todo el día copiando los datos en su notebook y en dos memorias más, una con destino a una caja de seguridad en un banco y la otra para un periodista amigo.
Tipea una investigación ficticia en la computadora, archiva carpetas falsas, vuelve a guardar todo y ordena el escritorio.
Sale de la oficina tarde, ya de noche. Se dirige a la salida cuando escucha el ruido de la puerta de Guillermo y ver pasa a una mujer casi corriendo, no la reconoce. Se detiene y acerca despacio al despacho, lo ve sentado en su escritorio, con la mano apoyada en la frente, visiblemente consternado.
Golpea despacio el marco.

-Perdón Guillermo, necesito hablar con vos.

Continuará....

martes, 23 de septiembre de 2014

Huesos (7mo Capítulo) by Elena


CAPÍTULO
VII



Afuera de la ruca, ruido de voces y cascos, manos que golpean y la voz que llama – ¡Beggio! ¿Estás ahí?
Lo zamarrea -Guille despertate. ¡Ya voy! – grita – llego Pascual.

- ¿Quién? –todavía dormido
- Mi colega del Museo – explica mientras se viste rápido – levántate – y se dirige a la puerta.
- ¡Pedro espera! Destende la otra cama

Unos minutos después, sale y se presenta– Buen día, Guillermo Graziani.
-Pascual Linares, un gusto. ¿El banquero desaparecido?
-No tanto, como ve. Mi avión se estrelló en el bosque y Pedro me rescato. Me salvo la vida de hecho, porque me fracture y no habría podido salir solo de acá
-Fue noticia en todos los periódicos, su familia está muy preocupada, pusieron avisos y ofrecieron recompensas por cualquier información sobre su paradero – y agrega dirigiéndose a Pedro – al menos no estuviste solo, nunca entiendo cómo te las arreglas.

Ese día hubo asado, pan, vino y música, y en  los siguientes comenzó el trabajo de levantar el campamento y proteger la excavación para, con suerte, encontrarla de nuevo el próximo verano. Con tanto movimiento el zorro ya no volvió.

Pascual Linares y sus ayudantes Marzo 1920

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Camina de noche por el bosque. La casa llena de gente y Pedro por ningún lado. “¿Adónde mierda se metió?” Quiere al menos poder verlo y conversar con él, ahora que no puede tocarlo, ni besarlo, ni… - ¡La puta madre! – golpea por instinto los brazos que lo sujetan – Soy yo – se debate sin fuerzas contra el cuerpo que lo aplasta contra el árbol y la boca que invade la suya – Pedro, acá no, pueden vernos – protesta mientras sus manos, desobedientes, estrechan la delgada figura. Recluta retazos de cordura para detenerlo y separarlo de el. Y lo abraza de nuevo cuando ve el dolor en los ojos marrones – ¿Cómo vamos a hacer?
-Ya nos vamos a arreglar
-Prometemelo
-Te lo prometo
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15 de marzo
Hoy emprendemos el viaje de regreso. En caballo y mulas hasta Jacobacci y luego en tren a Buenos Aires. Desde Esquel puedo telegrafiar para avisar a mi familia y al banco que estoy vivo, y bien.

-¿Y todo esto queda acá?
-Aja, para el año que viene
-¿Cómo sabes que nadie va a ocupar la cab… ruca?
-Trabo la puerta y eso quiere decir que tiene dueño. Nadie la va a usar salvo una emergencia

 Expreso Patagónico “La Trochita” Marzo 1920

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Lo ve mirar en silencio la interminable y árida llanura a través de la ventanilla del tren; y escucha el comentario de Pascual – Siempre le cuesta volver
-Che, Pedro, mira. Hice estos dibujos de animales que vi por ahí, decime que son, así les pongo el nombre
Agarra las hojas y las pasa una por una, intentando concentrarse –¿Todo esto dibujaste?
-¿Te gustan? ¿Los reconoces?

Y por fin sonríe – Están muy bien. Este es un cauquén colorado, un huillín…una especie de nutria. Este hasta vos tenés que saber que es.
-¿Un cóndor?
-Claro, un gavilán, un carancho
-Espera que voy anotando
Pasa de largo el dibujo del zorro – ¿Este donde lo viste?
-En el bosque a la nochecita
-Es muy raro de encontrar, es un monito del bosque, chumaihuen, un marsupial. ¿Te conté que antes todos los continentes estaban unidos?
-No. Quedatelos
-¿Seguro?
-¿Para que los quiero yo? Contame eso de los continentes




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En el andén lo espera la tía con una de las institutrices y su hijo que corre, torpe, a sus brazos, acompañadas por su secretario y algunos amigos, cuando, al fin, llega el tren a Buenos Aires. Las presentaciones de rigor y las explicaciones apresuradas mientras el equipo del museo trasborda a la formación que va a La Plata.

“¿Cuanto tiempo debe durar el abrazo de despedida a un amigo?” Intenta inútilmente hacer el cálculo mientras siente el inaudible quejido en la garganta de Pedro – No te olvides de mi
-No me voy a olvidar – le palmea la espalda – dale, anda.

Le entrega antes de irse un paquete de bayas azules de calafate – Toma, para que hagas dulce.

Continuara…