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domingo, 5 de enero de 2014

En un relámpago by Dibruja


(Una fic misteriosa escrita a cuatro manos)
 ******


Aquella casa de campo. Noche cerrada, lluvia de temporal.
No hay luz, apenas un portavela.Guille insomne mira a Pedro dormir. Salvo por la lluvia, el silencio es absoluto.De repente, una corriente de aire desconocida, apaga la vela.Quedan completamente a oscuras.La habitación se ilumina por luz del relámpago que ingresa por la ventana.Guille se sobresalta, no siente temor a la oscuridad, pero ese lugar le es extraño y además leparece que el relámpago ha iluminado una forma.
Al apagarse su  luz, la oscuridad vuelve a imponerse, y ahí sí, siente un temor difuso.
-Pedro, ¿estás despierto? – sólo se escucha el silencio.
Pedro no contesta... la luz irrumpe nuevamente, esta vez acompañada del sonido de un trueno.
Allí Guille puede ver con claridad que la cama donde hacía segundos veía dormir a Pedro ahora está vacía.
-Pedro, ¿qué broma es esta?, ¿dónde te metiste? –
Se incorpora rápidamente abandonando el  borde de la cama donde está sentado y mira desencajado hacia la cama de Pedro.

-No me gusta esto, no me gusta esto. Si es un chiste Pedro mejor que aparezcas ya…
Se levanta tanteando en la oscuridad. Busca los fósforos pero no los encuentra - estaban en la mesa de luz – piensa. En ese  preciso momento, vuelve la luz. La habitación le parece de nuevo, un escenario conocido.
Mira la cama de Pedro: allí está, durmiendo tranquilo, relajado.
Definitivamente, el campo le sienta mal.

Qué susto Pedro! Pedro! ¿me escuchás? - lo sacude suavemente. No obtiene respuesta.
En ese momento un aire helado lo roza y lo estremece. Pedro se despierta lentamente, Guillermo teme haberlo asustado con su voz fuerte y temerosa, pero no, abre los ojos, lo mira fijamente, con esos, los ojos que desarman cualquier temor...
Guille suspira aliviado. - ¿Qué ... qué pasó? - pregunta Pedro un poco adormilado - soñé que gritabas.
-Nada, contesta Guille, ya perdido en sus ojos. Me pareció que soñabas, que tenías una pesadilla...
Pedro se incorpora en la cama hasta quedar sentado, no deja de mirar a Guille, siente que la tensión entre ellos corta el aire.
¿Tuviste miedo por mí? - sonríe Pedro.
 –No, sí, bueno- Lo que pasa, Pedro, es que es este lugar ¿viste?, no me gusta, no me gusta. La lluvia me pone nervioso. - lo mira acorralado.
Pedro se acerca a su rostro y le dice…Tranquilo, tranquilo... Golpean la puerta: Guillermo no sabe si abrir o quedarse detenido mirando ese rostro que debe reconocer, lo inquieta demasiado.
Pero se sobrepone. Va hacia la puerta y la abre, no hay nadie. Se asoma hacia el pasillo quepermanece a oscuras. Se da vuelta, Pedro lo mira sin entender.
¿Qué pasó? - pregunta. Guille hace un gesto con los hombros de no entender - no sé. Vos escuchaste que alguien tocó la puerta ¿no?, ¿o estoy loco? –
-No estás loco, yo también lo escuché, dice Pedro. Se levanta y -ver para creer- se asoma a lapuerta, mirando a ambos lados del pasillo. Bueno, le dice, parece que esta es una noche con invitadas especiales...
 - Qué invitadas, Pedro! Guillermo empieza a malhumorarse, ya estar en el campo era suficiente como para pasar por esta noche de...

 En ese instante se escucha un trueno que quiebra el aire y la casa queda a oscuras nuevamente.

-¿Te das cuenta de por qué odio el campo Pedro, ¿me entendés ahora? - silencio de nuevo y otra vez  el aire helado que no sabe de dónde proviene.

 -Guille! - escucha la voz de Pedro que lo llama desde lejos…

-Pedro!! grita desencajado...

La luz regresa, en menos de un instante, no sólo lo ve a Pedro: está parado frente a él, tan cerca que siente su respiración agitada por el miedo mientras le dice: -no sé lo que está pasando pero pienso todo el día en vos...

Pedro - su corazón al borde de colapsar - ¿qué estás diciendo?. - Eso, que pienso todo el día en vos. Y a vos ¿te pasa lo mismo conmigo? - su voz lo acaricia y él está al borde de la locura si es que ya no ha saltado.

-Esto que pasa no está pasando - se repite y cierra los ojos.

La tormenta se escucha implacable, pero no puede ocultar los latidos de su corazón, lo siente ya desbocado, lejos de su cuerpo y cerca del de Pedro. -Sí, pienso mucho en vos, atina a decir, susurrante. Muchísimo. Casi te diría que cuando no estoy con vos, no pienso en otra cosa.
Nunca estuvieron tan próximos.
Las manos de Guille tiemblan mientras buscan el rostro de Pedro que cierra los ojos. En ese
momento misteriosamente la lluvia amaina, el silencio de la casa se hace más intenso.
Guille cierra también los ojos. De nuevo la oscuridad. El frío le recorre la espalda: al abrirlos
descubre que está sentado en la cama de Pedro, sosteniendo su rostro entre las manos.

Y  ve esos ojos enormes que lo miran y esperan a mitad del camino, entre el deseo y el asombro.