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viernes, 21 de noviembre de 2014

Viñetas: Diálogos con uno mismo (2da parte) by Mina

#FragmentosdelavidacotidianaGuilledro

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Diálogos con uno mismo. La luna de Pedro.

En silencio apaga la luz del comedor y antes de subir mira por la ventana de la cocina la luna que ilumina imponente. Las noches de luna llena siempre le provocan una extraña sensación, un leve vértigo. “…Bueno, me fumo el último y subo a dormir. Algún día voy a tener que dejarlo, pero seguro que no esta noche. La luna siempre me invita a fumar.”

Enciende el cigarrillo y sale a la galería a escuchar las cigarras y los grillos que ya a esta altura son parte de la familiaridad del diario vivir. “Mira vos donde terminé... quién lo hubiera dicho con lo que me gustaba la joda. Alejado del ruido y la velocidad, disfrutando de una vida simple, sin altibajos, ya tan establecido y seguro. No parezco yo… quien soy yo?... quien era yo?”

Por un instante los grillos se callan y no corre ni siquiera una leve brisa, silencio absoluto, todo detenido en ese ahora. El río manso, la luna que se refleja y el sonido de su respiración. Y quieto así de repente lo siente, lo recuerda, lo sabe allí cerca durmiendo, encuentra las mil razones y las vive con el cuerpo. “… Lo que se es capaz de hacer por amor, por favor!… cuántas veces me habré reído de historias muchísimo menos locas… que míseros seres involuntarios resultamos cuando alguien nos invade el alma... algún día pasará? Esto, algún día va a pasar?

Ahoga el final de la brasa y cierra la puerta, con esa nostalgia hermana de la tristeza, que aparece al comprender con total certeza que estamos a merced del destino, sin claves para el futuro; rodeados de incertidumbre y totalmente desbordados de emoción. “Es tan rico el olorcito de esta casa... Deben ser los troncos de palosanto que se empeñó en traer del norte. Siempre le dá lo mismo todo, pero cuando se emperra con algo, mamita! No hay quien pueda disuadirlo… y después esos ojos con el “te lo dije” en el brillo, cada vez que comento algo al respecto.”

Atraviesa la habitación y bajo el umbral se queda mirándolo. Duerme profundo, plácido, guardándole un lugar en su pecho. Las manos apoyadas sobre su lado de la cama, como llamándolo. “…¿Cómo puede tener esas manos?… Desde el primer día fueron como imanes, símbolo rotundo de toda protección y seguridad, pesadas, calientes, tan suaves… Hoy estoy como la luna, un boludo!... Basta. Mejor me baño porque sino no duermo más.”

Abre la ducha y se queda con la mirada perdida en el vapor, mientras el agua caliente lo moja y abriga; lo ensordece con ruido a lluvia, lo transporta hacia adentro como un mantra que desentierra una profunda emoción. Se ve allí, entero, feliz. Se da cuenta por enésima vez cuanto lo ama, entiende con todos sus poros quien era, quien es y ya, nada más existe. “… Es que no puedo diferenciar lo que soy de lo que somos… Estoy loco! ¿Dónde quedó el tiempo, las ideas, los planes… ya nada de eso importa! Se ha transformado en una parte de mí que me define y me acompaña todo el tiempo… como si nada hubiese sido antes de Esto… Daría cualquier cosa por estar acá, así, para siempre… ¿Cómo puede ser tan grande…?  
Y con el agua se pierden las lágrimas, junto con la risa que ilumina todo.

Todavía húmedo se mete en la cama y ocupa el lugar reservado para él, al abrigo de sus manos y su pecho, que lo aprietan instintivas con fuerza. Y ya al borde de quedarse dormido escucha el susurro:

- ¿Qué dice la luna, precioso?


  

viernes, 14 de noviembre de 2014

Viñetas: Diálogos con uno mismo ( 1era parte) by Mina

#FragmentosdelavidacotidianaGuilledro

Diálogos con uno mismo. La gripe de Guille.

Sintió el motor de la lancha que se acercaba y se levantó. Tanteó los anteojos en la mesita de luz y puso el saco grueso sobre los hombros. “…Que duros son los días de invierno acá todavía no me acostumbro; la humedad, el sol débil y el frio que te flagela los huesos.”
Lentamente caminó hacia la ventana y miró atento el muelle. “…Y me sigue asombrando el agua que siempre se mueve…  Pasa y pasa, indiferente, soberbia, segura de que nunca volverá; con ese aire de infinito, nada la detiene… como la vida, como los años…”

Después lo observó acercarse, caminar ágil hacia la casa, cargar las bolsas con alegría, tirarle el palito a los perros. Su juventud, sus largos brazos, su risa, esa que tan bien le hace, esa que es suya sin contratos, la que siempre aparece en el encuentro, el sello indudable del amor que habitan. “…Quien me viera y quien me ve, la pucha! Si hasta parezco un adolescente enamorado. Me siento como llevado por una ola que me arrastra sin opción; como un niño pequeño cuya vida depende totalmente de la atención cercana del otro.”  

Respiró hondo, bebió un trago de agua y se desplomó en el sillón junto a la ventana. “…Y esta gripe de mierda que no se va… ya estoy harto de estar encerrado… ¿Cuánto dura esto? Tal vez deberíamos llamar un médico… si no fuera por sus cuidados ya me hubiese ido a la ciudad hace rato.”

En ese momento la tristeza lo invadió palpable; la sensación contradictoria tantas veces experimentada de dolor en el punto justo de mayor dicha. Ese temor a la pérdida que acompaña a la entrega sin condiciones. “…Siempre lo mismo, che! Creo que no hay nada en la vida que dé más miedo que el amor. La mezcla perfecta de plenitud absoluta y desgarro profundo. La sensación de no necesitar nada más en el mundo y al mismo tiempo el terror de estar de pie, solo ante el abismo...”

Abrigado por el sol de la tarde en su espalda, se acomodó con los pies sobre la mesita y buscó el libro, mientras lo escuchaba silbar un tango y ordenar las compras en la cocina. “…Al final, tenía razón la vieja cuando declamaba que el amor, siempre es como una montaña rusa donde se junta el estremecimiento de la piel, con el fondo más hondo de la ausencia. Euforia y parálisis… Y yo, que me reía mientras la trataba de cursi… Cómo te estás vengando viejita...”
  
Todavía no había abierto el libro cuando escuchó los escalones que crujían y los pasos que se acercaban. Inclinó su cabeza, bajó mínimamente sus anteojos y lo miró fijo, vidrioso, con los ojos abiertos desde el fondo del alma. “…Pero si estoy tan mal que me parece lo más hermoso que vi en la vida! ¿Adónde me llevará esta locura?... Algo muy bueno debo haber hecho en las vueltas pasadas para que ahora me toque este premio...”

Y el pensamiento que se corta con los brazos que lo aprietan y el cuerpo dócil que se acurruca en su pecho dándole calor.

- ¿Cómo te sentís mi amor? Traje vino, café y la mermelada que te gusta. ¿Qué es esa mirada… en qué estabas pensando?

- … En nada, en que hace tres semanas que esperamos que vengan a arreglar el cobertizo y…estamos acá, abandonados a merced de la ola y en plena montaña rusa; en fin… prefiero el vino, para empezar…